Cómo aceptarte a ti mismo tal cual eres: 7 técnicas que me funcionaron a mí


Nadie es perfecto. Y eso es especialmente cierto cuando se trata de mí! Sin embargo, desde hace un buen tiempo decidí que era el momento para empezar a aceptarme tal cual soy, en vez de sentirme apagada porque no era tan perfecta como quería ser.


Quizás sea porque nos conocemos tanto, en mi vida he descubierto que somos nosotros mismos quienes más nos criticamos y juzgamos.


Muchos de nosotros no queremos amarnos hasta que tengamos la pareja perfecta, seamos exitosos, perdamos peso, tengamos mucho dinero, tengamos fama, reconocimiento y cientos de amigos.


¿Suena familiar, verdad?


Tristemente, incluso expertos en el tema, como la brillante Louise Hay dicen que todos sufrimos de falta de amor por nosotros mismos… eso sí, en diferentes niveles. Esto ocurre porque pensamos que tenemos defectos que nos hacen no-merecedores de nuestro afecto, o porque le ponemos condiciones a nuestro amor cuando podríamos y deberíamos amarnos incondicionalmente.


La buena noticia es que podemos amarnos tal como somos, fácil y rápidamente. Después de todo, está en nuestra naturaleza.


Así que descubre estas 7 técnicas que me funcionaron a mí para aceptarte a ti mismo tal cual eres:


1. Dejé de criticarme


Cuando pensaba que no valía lo suficiente, sentía que mi vida se llenaba de dificultades, de durezas, de desgracias, de tristeza. Y tiene sentido, porque cuando no reconoces tu valor, te creas dolor (e incluso enfermedades), aplazas las cosas que sabes que te beneficiarían, maltratas a tu cuerpo con adicciones.


Pero un día me di cuenta que cosas podían ser diferentes! ¿Por qué escoger ser tu peor enemigo cuando puedes ser tu mejor amigo?


Empecé a decirme a mi misma: “Pase lo que pase, voy a estar bien y valgo mucho. En mi capacidad para adaptarme y perseverar en este maravilloso (y a veces difícil) proceso que es la vida está mi poder.”


Hacer esto también puede ayudarte a ti a aceptarte tal cual eres: aprende a no pretender que eres perfecto. La necesidad de ser perfecto te pondrá encima una presión enorme. Por lo contrario, céntrate en lo que te encanta de ti: descubre tus habilidades creativas, aprecia tu individualidad y disfruta de tus particularidades.


Todos somos perfectos en nuestra imperfección y todos tenemos un papel importante y especial para desempeñar en nuestro planeta.


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2. Paré de asustarme a mí misma


¿Cuántas veces al día te llenas de miedo y de pensamientos aterradores? ¿Cuántas te haces películas mentales y conviertes las situaciones en cosas muchísimo peores de lo que son? ¿Cuántas veces has notado que tu mente transforma una pequeñez en un verdadero monstruo?


Para mí, gracias al Universo, esto no ocurría tan a menudo. Mal que bien, controlar mis pensamientos siempre fue prioritario desde que empecé mi camino espiritual.


Sin embargo, al igual que muchas de las personas que conozco, una de las situaciones en las que más ocurre nos asustamos a nosotros mismos es en nuestras relaciones de pareja.


Cuando nuestra pareja no nos contesta el celular y no nos devuelve la llamada, inmediatamente comenzamos a suponer cosas cada vez más improbables y a crear videos espantosos en nuestra mente. Esto tiene un efecto terrible: terminamos sintiendo que no somos amados, que no somos dignos de ser amado, perdemos la fe en nuestra pareja, en nosotros mismos y en el amor, nos sentimos rechazados rechazado, solos y abandonados... y todo por causa de las películas que hacemos en nuestra mente.


Una vez me propuse empezar a aceptarme a mí misma y a quererme más, asustarme a mí misma por las películas que hacía en mi mente se convirtió en algo totalmente inaceptable. Al final del día, cualquier pensamiento de miedo es una afirmación innecesaria, negativa y limitante.


Por eso, empecé a reemplazar estas afirmaciones oscuras por afirmaciones positivas. Cuando me sorprendía pensando cosas asustadores, me decía “No. Ya no voy a pensar más en eso” y enseguida me decía unas afirmaciones de bienestar, como “Todo está bien”, “El universo me ama incondicionalmente”, “Valgo mucho”, “No nos adelantemos a las cosas, no supongas”, etc.


En vez de asustarnos a nosotros mismos, podemos aprender a crear un escenario feliz en nuestra mente: un lago azul con un árbol florecido al lado, una verde pradera en un día soleado, un atardecer en la playa, un cielo lleno de estrellas en la montaña...


Lo más importante es que cada vez que tengas un pensamiento de miedo, inmediatamente vayas a tu escenario feliz. Si empiezas a hacer esto siempre, con la práctica se convertirá en costumbre.


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3. Empecé a escoger ser amable, cariñosa y paciente conmigo misma


La mayoría de las personas sufrimos de la necesidad de obtener lo que deseamos y de obtenerlo ahora. Queremos que todo suceda enseguida. No tenemos paciencia para esperar nada. Cualquier espera nos irrita. Sólo basta mirar cómo nos ponemos cuando nuestro celular o nuestra conexión a internet se demora más de 5 segundos para hacer lo que queramos, cuando llevamos más de 10 minutos en un trancón, cuando hay más de 4 personas delante nuestro en una fila...


El problema es que con nuestra impaciencia, afectamos a quienes nos rodean, porque de una u otra manera pueden percibir nuestro desespero, y no conozco nada más contagioso que el desespero!


Al darme cuenta de todo esto, aprendí que la paciencia es una herramienta muy poderosa. Nuestra mente es como un jardín: requiere que la sembremos, la cuidemos, la esperemos, y que seamos constantes y pacientes mientras lo que sembramos florece. Sólo así podemos disfrutar de los frutos de nuestro esfuerzo.


Así que decidí ser más paciente conmigo. Paré de ser tan perfeccionista; por lo contrario, me di la oportunidad de aprender y de crecer.


Sé dulce y cariñoso contigo: estás aprendiendo. Sé paciente contigo. Todos cometemos errores, pero esto si los miramos como oportunidades para aprender y avanzar, seremos más felices.


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4. Aprendí a disciplinar mi mente


Para amarme a mí misma, uno de los pasos más cruciales fue dejar de culparme, de castigarme y de causarme dolor a mi misma con mis pensamientos.


Descubrí que todos tenemos pensamientos negativos a veces… pero eso no es razón para odiarnos, criticarnos o reprendernos!


Tampoco tenemos que culparnos por tener experiencias negativas; las cosas simplemente pasan.


Siempre podemos pensar que las dificultades por las que pasamos son una oportunidad para aprender. Así dejamos de verlas como tropiezos o errores.


Siempre tienes la opción de ser cariñoso contigo mismo sin importar lo que suceda.


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5. Empecé a esforzarme por mantener la calma


Para ser cariñoso contigo mismo es crucial estar tranquilo. Todos hemos sentido lo difícil que es ser paciente y cariñoso cuando estamos en un estado de tensión intensa. De ahí la importancia de aprender a llegar a un estado de tranquilidad fácilmente.


¿Cuál fue mi estrategia? Practicar la relajación.


La relajación nos permite comunicarnos con el Poder de Vida que vive dentro de nosotros. Cuando estamos tensos o asustados, la energía del Poder de Vida se obstruye y no puede fluir.


Lo mejor es que descubrí que relajarme era mucho más fácil de lo que creía: cuando empezaba a sentir estrés, ansiedad o desesperación, me detenía un momento. Me concentraba en mi respiración y empezaba liberar la tensión de mi cuerpo de la cabeza a los pies. Cuando estaba más tranquila, me decía a mí misma en silencio: “Tranquila. Todo está bien. El Universo te ama incondicionalmente y siempre estás a salvo y segura. Vamos a encontrar la manera de solucionar esto.”


En realidad es sorprendente la diferencia que puedes lograr con tan solo un minuto de apoyo a ti mismo.


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6. Me ayudé a mí misma por medio de la meditación


La meditación fue una práctica con que estuve muy familiarizada desde siempre. Eso significa que conozco (y aprovecho al máximo!) los beneficios de la meditación.


Sin embargo, hasta que empecé mi labor de aceptarme a mí misma, no se me había ocurrido que meditar era una gran forma de ayudarme en mi proceso. Cuando meditas, te conectas contigo mismo y te sientes completamente cómodo con quien eres. A su vez, eso te permite conocerte mejor, y entre mejor te conozcas, más te amarás.


Además, prácticas como la meditación y la visualización de cosas que te hacen feliz te ayudan estar más relajado y encontrar la tranquilidad con mayor rapidez y facilidad.


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7. No volví a hablar mal de mí misma


Al igual que nosotros, las palabras son energía. Por este motivo, lo que decimos tiene un efecto muy real en nosotros y en las personas que nos rodean.


Yo me di cuenta de la importancia de las palabras cuando empecé a observar lo bien que me sentía cuando me trataba a mí misma dulcemente… y lo mal que me sentía cuando perdía mi paciencia y decía cosas como “Qué tonta!”, “No sirvo para esto”, “No soy capaz”, “Es como si no aprendiera”…


Todos nos decimos este tipo de cosas de tanto en tanto, cuando no somos conscientes de los malos efectos tan perjudiciales que tienen sobre nuestro bienestar, o cuando estamos particularmente vulnerables.


Tan pronto me di cuenta de lo mal que me sentía cuando me hablaba a mí misma de forma impaciente y crítica, decidí cambiarlo.


¿Cómo lo hice?


1. Primero, empecé a darme cuenta de cada vez que lo hacía. Por ejemplo, uno de los momentos cuando más mal me hablaba a mí misma era cuando alguien me hacía sentir mal. Tan pronto esto ocurría, empezaba a criticarme a causa de haber recibido ese comentario.


2. Luego, empecé a silenciarme para detenerme cuando estaba empezando a hacerlo. Cuando mi mente empezaba a hablarme mal, decía a mí misma “No. Soy mi amiga, no mi enemiga. Calma.”


3. Luego de detenerme, me decía algo positivo a mí misma. “Quizás sólo dijo eso porque está estresado y teniendo un mal día. No es verdad, es estrés”, o “No importa que piense eso… al fin de cuentas, no me conoce!” o “Está equivocado. Soy una buena persona. Estoy aprendiendo y trabajando por ser cada vez mejor”.


Siempre que hablaba mal de mí misma, practicaba esos 3 pasos. De tanto hacerlo, se volvió natural en mí. Así cambié la forma como me hablaba a mí misma.



Aceptarme a mí misma como perfecta en mis imperfecciones fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Aunque no es fácil amarte todo el día todos los días, empezar a aceptarte y a quererte así sea un poco más te hará mucho más feliz de lo que eres en este momento.


Inténtalo! Puede que no aprendas a amarte a ti mismo total e incondicionalmente en un día, pero sí puedes amarte un poco más cada día. Y a medida que sigas haciéndolo, será mucho más fácil y natural amarte de la manera como te lo mereces.


muy muy feliz alegria felicidad regalos ser feliz alegre consejos ser feliz amor fe motivacion espiritualidad bienestar espiritual lovebox muymuyfeliz© https://www.flickr.com/photos/mateusd/


Gracias a:

-Louise Hay, “El poder está dentro de ti”

-Neale Donald Walsh, “Conversaciones con Dios”

-Dalai Lama, “El arte de la felicidad”

-Deepak Chopra, “La receta de la felicidad”

Laura Arboleda

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